Brilanti Fine Art
Taxco es considerado el corazón de la joyería de plata en México. Desde la época colonial fue un importante centro minero, pero su renacimiento como capital joyera ocurrió en el siglo XX.




El Taller Victoria fue fundado en 1940 por Ana María Núñez Bassó junto con su esposo Rafael Brilanti, conocida entre los coleccionistas de joyería como Victoria, Cony, Brilanti o Ana Nuñez de Brilanti. Desde aquella época, comenzó a trabajar dentro de la tradición joyera de Taxco, preservando técnicas artesanales y creando diseños de alta calidad.


Galería Brilanti en Todos Santos B.C.S Calle Centenario 24, Todos Santos, 23300, México
Hoy, su familia mantiene viva su visión en Todos Santos Baja California Sur, preservando la tradicional de la plata mexicana, creando y compartiendo obras originales, hechas a mano con el mismo amor y dedicación de siempre, además de mostrar e incluir artistas locales y extranjeros con su arte en pintura, escultura y otras técnicas.

Ana de Brilanti es una diseñadora muy importante dentro de la tradición joyera de plata de Taxco, Guerrero, México.
En resumen, Ana de Brilanti representa la continuidad y el prestigio de la joyería de Taxco, combinando técnica, diseño, calidad, valentía como mujer en un oficio dominado por hombres y un profundo compromiso social, dejando un legado artístico y comunitario que aún hoy es reconocido y celebrado.


Nunca olvidaré su respuesta.
Porque no era lo mismo diseñar y dibujar un collar, y después comenzar a darle forma con las manos, que dejar que una máquina hiciera miles de piezas iguales.
Y tenía razón. Porque el proceso, visto de cerca, es puro arte.
Todo empieza fundiendo plata pura en un crisol de barro.
Una vez líquida, la plata se vacía en una “Chaponera” o lingotera. En Taxco, la Chaponera es el nombre que tradicionalmente se le da al molde formado por dos placas metálicas que se cierran para vaciar la plata fundida y obtener una chapa o “chapón”.
Después se saca la chapa o lingote grueso de plata. A veces se recuece nuevamente al fuego para suavizarlo, porque la plata se endurece con los golpes. Luego pasa por el laminador, donde dos rodillos de acero van adelgazando el metal poco a poco hasta convertirlo en la lámina del calibre o grosor deseado según el trabajo.
Cuando la hoja de plata está lista, comienza el verdadero trabajo del artesano.
El maestro dibuja sobre la plata con punta de acero o pega una hoja de papel china con el diseño ya trazado.
Luego viene el arte del calado.
Con un pequeño taladro se abre un agujero en la lámina para introducir la segueta. El arco de joyero sube y baja lentamente mientras la segueta corta fino sobre el metal. Hay que tener pulso y paciencia, porque un solo movimiento brusco puede arruinar horas de trabajo. Así van naciendo los huecos y las formas delicadas.
Y después comienza el cincelado.
Aquí es donde realmente aparece la mano del maestro. Con pequeños cinceles, va marcando líneas, sombras y texturas. Cada golpe es pequeño, preciso y paciente.
Después viene jalar el alambre para hacer las argollas de plata, y también preparar otras láminas para fabricar los biseles, donde van montadas las piedras. Todo se fabrica desde cero: argollas, hojas, broches y cadenas. Nada va prefabricado.
La soldadura es otro arte.
Si la pieza lleva piedra, entonces viene el engaste. Turquesas, amatistas, coral o malaquita se colocan cuidadosamente dentro de los biseles. El metal abraza la piedra mientras, poco a poco, el bisel se va ajustando perfectamente a ella.
Después comienza el acabado.
Limas, lijas y manta van borrando marcas y suavizando superficies. Algunas piezas quedan brillando como espejo; otras se dejan oscuras y envejecidas para que el repujado resalte más.
Y así termina la pieza: hecha completamente a mano, golpe por golpe, fuego por fuego.
En aquel Taxco de los años cuarenta, la joyería no se hacía rápido. Se construía lentamente, como una mezcla fina de escultura, fuego y paciencia.